Milton Keynes

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Dejemos a Bankia para otro día y volvamos por un rato a saltar por el mundo. Hoy recordaré la que fue mi casa durante dos años y medio.

Por dónde empezar… y por dónde acabar. Milton Keynes es una ciudad de apenas 50 años situada a unas 35 millas de Londres con tan poca historia en sus calles que hasta su propio nombre es una broma moderna que en los tiempos que corren, nos resulta familiar. Milton Friedman fue un economista estadounidense de mediados de siglo, defensor del libre mercado, que tiene como principal opositor histórico intelectual al británico John Keynes que entre otras muchas cosas alentaba el intervencionismo estatal en situaciones de crisis o recesiones, siendo considerado uno de los fundadores de la macroeconomía moderna. Siempre quise conocer al genio que se presentó en una tribuna con ese nombre.

Milton Keynes, más bien es un proyecto que parte de una zona poblada de granjas aisladas y que en 1967 se desmarcó como zona estratégica en el Reino Unido por su inmediata cercanía a Londres y su proximidad a otras ciudades destacadas como Oxford, Cambridge, Northampton o Luton. Como tal proyecto, se han abierto aquí muchos y ambiciosos planes empresariales. Desde uno de los mayores centros comerciales de Europa o la pista cubierta de esquí (dicen, aunque seguro que exageran) más grande del mundo, hasta el desarrollo de toda la plataforma para el banco Santander en Inglaterra (la suma del banco Abbey, B&B, Alliance & Leicester y oficinas del RBS, que es donde estuve enganchado), pasando por factorías de equipos de Formula 1 como Red Bull y la proximidad de Silverstone. Dicho así, parece que es un pueblo industrial, ¿verdad? Lo cierto es que el hecho de que se haya planificado casi desde cero, hace que sea un lugar perfectamente diseñado para vivir de una forma apacible, con toques rústicos que a ratos podría parecer el escenario de los incompletos “Cuentos de Canterbury” que Chaucer escribía en el siglo XIV dando voz a peregrinos que se inventaba. Apacible no sólo por el hecho de que tenga una red completa de carril bici, o que las casas estén dotadas de sistemas alternativos de energía como la solar (hasta en los parquímetros) y sea un referente en sistemas de reciclaje. Las distintas zonas residenciales (yo viví en Shenley Church End y después en unos modernos apartamentos en el centro) llenas de amplios chalets, lujosas mansiones, Ferraris y BMW’s, están enclavadas en un paraje natural bastante pintoresco, plagado de parques, lagos donde los cisnes y patos no se asustan al paso de las bicicletas o los habitantes haciendo jogging, canales y arroyos atravesados por pequeños puentes de madera… bosques con una exótica fauna (hasta nutrias) y flora, mucha flora. Para los informáticos, decir que aquí al lado, en el parque Bletchley se encuentra el edificio que empleaba el Servicio de Inteligencia Británico durante la Segunda Guerra Mundial para descifrar los mensajes nazis, con Alan Turing, del que tanto nos hablaron en Teoría de Autómatas y Lenguajes Formales, diseñando sus máquinas para descifrar el famoso codigo Enigma que mantenía comunicado al eje Roma – Tokyo – Berlín. No está mal, ¿verdad? Por otro lado, su gente no es el mejor recuerdo que me llevé de allí. El hecho de que MK no tenga una historia arraigada seguramente influye en que des con ciudadanos con cierto vacío cultural y sentimental. El hecho de ser una de las ciudades más ricas de Inglaterra (a pesar de tener sólo 300.000 habitantes) genera un nivel de vida que suele ser alto y confluyen, en mi opinión, dos generaciones muy diferenciadas. La peor, la de mi quinta. Jóvenes sin valores, con un acento ladeado y que te miraban por encima del hombro. Vacíos y sin referentes. La mejor, la de sus padres. Aquellos que han asentado una vida tranquila en la ciudad y que han mantenido un espíritu afable, educado, respetuoso, incluso integrador y de cierta vecindad.

Y por mi parte, me resulta mas cómodo dar algunas pinceladas. Aquel tiempo me cambió la vida a todos los niveles. Todo fue tal y como lo esperaba, salvo en la duración…yo quería estar 6 meses o un año, pero ya veis. En lo bueno y en lo malo. Las emociones positivas y negativas han sido, para bien o para mal del color que había pintado, así como las expectativas profesionales y humanas. Convivimos un grupo amplísimo de españoles que en muchos casos ya nos conocíamos desde los primeros tiempos en INSA – Cáceres, incluso en la facultad. Supuso un ritmo bastante frenético, alocado, desenfrenado, pero que cuando me senté a hacer balance en el avión de aquel 13 de Noviembre que cogí para volver definitivamente, me dí cuenta de hasta qué punto entre todos habíamos escrito un libro digno de ser leído y recordado. Al final, eso fue lo que me llevé en la maleta.

Furzton Lake, mi retiro

Furzton Lake, mi retiro

Los cojones como incontestable teoría política

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Hace mucho tiempo llegó a mi correo un hilarante estudio sobre la polisemia de la palabra “Cojones”. A pesar de no ser una tesis oficial, su rigor y ajuste a la realidad lingüística de nuestro día a día, es absolutamente incontestable. Dejo aquí el enlace para quien quiera deleitarse leyéndolo:

Acepciones para Cojones

O escucharlo en versión Loquendo:

 

Desde que tengo conciencia ideológica, me he ido dando cuenta debate tras debate, que estos atributos, biológicamente masculinos, han revalorizado su cotización durante las últimas décadas hasta convertirse en el auténtico oráculo, el máximo mantra de cualquier tema de actualidad, de cualquier decisión cotidiana o macroeconómica. Se han universalizado, hasta en las mujeres e incluso se han institucionalizado en grupos de facebook ( “Mis cojones” como argumento autoritario ante cualquier discusión ). Centralizan las prioridades, el punto crítico e insalvable, han hecho converger el mundo en su epicentro hasta el punto de que si Ptolomeo levantara la cabeza y se viniera una temporada a España, tendría que revisar seriamente sus teorías para cuestionarse si realmente la Tierra era el centro del Universo o más bien todos sus estudios debería evolucionarlos al “cojoncentrismo”.

Me resulta curiosa esa forma que tiene casi todo el mundo de expresar sus soluciones para arreglar el mundo como una cuantificación de los cojones. Ya veis; la gran virtud de Aznar fue que era un político con un par de los susodichos. ¿Quién no ha escuchado eso cuando se trata de defender al pintoresco ex-presidente? Era duro, recio, serio, incluso arrogante, pero orgullosísimo de tenerlos así de gordos. Recuerdo cuando vi en un mitin (por la tele, por supuesto) cómo invitaba a una asistente a que subiera a la tribuna a “tomarle medidas” (literal) cuando la mujer le interrumpió para exaltar sus atributos (“¡Qué cojones tienes!” le vociferó bajo el aplauso del recinto). Lo mismo, esa misma mujer ignoró (o tal vez no) que le faltó ese mismo par que no le midió, para oponerse a Estados Unidos en la Guerra de Irak, o para agarrar el Prestige por los cuernos, o para… en fin… pecadillos. Todos tenemos días flojos y débiles. Precisamente fueron cojones los que dicen que puso Zapatero el primer día como Presidente allá por 2004 cuando su primera decisión fue retirar las tropas que habían acudido a esta Guerra. Su popularidad se disparó y la gente vio en el nuevo dirigente a un político cuyos atributos salvaguardarían el bien de nuestro país y la seguridad de nuestro futuro. Los años fueron pasando y a lomos de una vorágine económica, una nirvana con grandes dosis de artificialidad (a nivel público y, sobre todo, privado), el crecimiento de nuestro país acompañaba la solvencia de, como no, los cojones del presidente socialista que en los estertores del crecimiento, ganó sus segundas elecciones con el mayor reguero de votos de la historia de la democracia. La compleja hecatombe de después en la que aún seguimos sumergidos, se ha intentado explicar en términos macroeconómicos, se ha hablado de deficiencias estructurales, se han manejado mil estadísticas en formas de porcentajes del PIB, cohesión europea, el BCE, el Euro, Merkel, Sarkozy, recortes, Lehman Brothers, déficit, Grecia… Pero los números son muy aburridos; no los vemos por la calle, no les podemos estrujar el cuello ni disparar con una AK-47. Total, que el argumento prioritario, el incontestable, el que lo explica absolutamente todo, el detonante de la bajada de popularidad del expresidente, las debacles electorales de su partido es uno: A Zapatero le faltaron cojones. Así de claro. Le faltaron para pinchar la manidísima burbuja inmobiliaria a pesar de que todo el país vivía (por encima de sus posibilidades, faltaría más) de ella, le faltaron en Europa para proponer cosas distintas a pesar de la aplastante mayoría conservadora que existía en Bruselas, le faltó con los misteriosos mercados a pesar de que todos les debíamos (y debemos) una auténtica millonada por no haber dado un palo al agua. Y ahora, tras el 20N, ha llegado el relevo en la Moncloa que tras 5 meses de Gobierno, huelgas en la educación, huelga general, prima de riesgo disparada, fraude electoral en las propuestas, crecimiento récord del paro, expropiaciones en sudamérica, previsiones a la baja, amenazas de rescate, etc, aún mantiene aproximadamente un 75-80% del respaldo de sus votantes. Según ellos, todos estos temas son menores. Hacía falta alguien con un par de cojones y sanseacabó. Fin del debate. Silencio de sentencia. Y por lo visto, sus ministros y barones han hecho suyo este tesoro. Recordando al Arias Cañete del 2000 cuando según él, el Plan Hidrológico saldría “por cojones”, ahora José Antonio Monago, presidente de Extremadura, retó al alcalde de Barcelona a que le dijera las cosas a la cara “si tiene cojones”… Cuidadito con él, oiga. Eso por lo menos, y a ojo, le han supuesto 50.000 votos más. Pero como en todo, lo mejor seguramente llega en lo que no oiremos. En los consejos de ministros, conversaciones telefónicas, reuniones a puerta cerrada en Bruselas… ¿se imaginan? “¡A que no hay cojones a dar 400 pavos a todo Dios!” (dijo Solbes a Zapatero), “Señor Hollande, por mis cojones que no se aprueban los eurobonos” (dijo Merkel al Presidente francés), “Estos islamistas me han hinchado los cojones, voy a bombardearles, apóyame Ansar” (dijo Bush a Jose María), “Échale cojones y sube el IRPF, anda” (dijo Montoro a De Guindos)….

Por mi parte, no soy tan dogmático con respecto a la capacidad de razonamiento de esta omnipotente parte del cuerpo, o quizás sea cuestión de aplicar la polisemia de la que hablábamos en la introducción de este artículo. A lo mejor quieren decir que Aznar quiso alinearse con Estados Unidos antes que con Europa hasta el punto de apoyar un crimen. O era un duro negociador por ser insolidario, un nacionalista español (que también existe, esto daría para otro artículo) en sus negociaciones en Bruselas. O profundamente antisocial porque su ideario así se lo impone. A lo mejor también quieren decir que Zapatero tuvo un modelo económico casi neoliberal para el país que finalmente fracasó estrepitósamente, y que adornó de errores garrafales de los que ya hemos hablado en este blog. O que le faltó persuasión con el resto de países de la eurozona para inculcar una salida socialdemócrata de la crisis. O que antepuso evitar un rescate y mantener la capacidad de financiación del país casi a cualquier precio. A lo mejor se refieren a que Rajoy tiene en su ideario apretar el sector público para que el privado reflote por sí sólo….

Quién sabe. En estos casos hasta podríamos estar de acuerdo en algunas cosas y todo. O tal vez no. Vivimos en un país donde todos son economistas y todos son entrenadores de fútbol, y la primera cualidad que buscamos en los representantes públicos es de qué tamaño los tiene. El día que Hollande se proclamó Presidente de la República francesa, me imaginaba cómo medio mundo estaba mirando a su entrepierna para intuir si los tendría lo suficientemente grandes como para llevar a cabo esa serie de ambiciosas propuestas que salieron de su programa electoral. Yo me planteaba seriamente si de verdad esa era la virtud que necesitaba el socialista francés para tener éxito en la tarea que afronta, y lo peor es que cualquier fracaso futuro que pueda encontrarse sólo tendrá como explicación la falta de… ya saben. Pero no me hagan caso, que seguramente estoy equivocado. De hecho, puede que acabe claudicando a la teoría mayoritaria. Al fin y al cabo 1000 pares de cojones no pueden estar equivocados.

El caballo de Espartero. Símbolo de la sabiduría

El caballo de Espartero. Símbolo de incomparable sabiduría

Oído en… la televisión

La prima de riesgo de España se llama Zapatero

Soraya Sáenz de Santamaría (en la Oposición, como portavoz del PP) al ser preguntada por la escalada de la prima de riesgo española.
– Noviembre de 2011

El problema es que nos encontramos con una incógnita mayor en uno de los países que comparten moneda. A pesar de lo que hemos hecho, nos encontramos ante un acontecimiento externo que dificulta la prima

Luis De Guindos (en el Gobierno, como ministro de Economía) al ser preguntado por la escalada de la prima de riesgo española que tocó hoy su máximo histórico.
– Mayo de 2012


Las sandalias de César

Por Juan García (@J__Garcia)

“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones,
durante la guerra y después de la cacería.”

Otto von Bismarck

¿Han jugado alguna vez a aguantar la risa mientras otra persona hace todas las payasadas que se le pasen por la cabeza? Es complicado, ¿eh? Pues Mariano Rajoy lo consiguió durante dos horas. Sucedió en noviembre de 2011 durante el debate que le enfrentó con Alfredo Pérez Rubalcaba. A ojos de analistas, encuestados y demás pensadores por cuenta ajena, Rajoy estuvo mejor, más convincente. No porque pusiera sobre la mesa propuestas ilusionantes ni desmontara las del contrincante. No lo hizo. Ni siquiera lo intentó. Pero si que aguantó la compostura con estoica seriedad -“usted miente, y está dejando caer una insidia”- ante las provocadoras muecas que le dedicó Rubalcaba -”Si usted cuenta lo que tiene en la cabeza, no le votarían ni los suyos”-.

Todos, los hunos y los otros, teníamos claro que las únicas opciones de Rubalcaba pasaban por un imposible, que Rajoy rompiera a reír. Tal vez algún alma cándida esperase que se viniera abajo y acabara confesando como un colegial sus planes sobre la sanidad pública, la educación pública, reforma laboral, sistema fiscal, etc. Pero no olvidemos que España tiene españoles y eso es una cosa muy seria (sic), especialmente para un iluminado que tiene la misión de salvarla aunque para ello necesite una campaña electoral de año y medio trufada de falsedades para desgastar al gobierno y presentarse como el salvavidas nacional.

En cualquier caso, siempre nos quedaba lo que se ha dado en llamar la fiesta de la democracia, el 20N. J. J. Rousseau dijo: El pueblo inglés piensa que es libre y se engaña; lo es solamente durante la elección de los miembros del Parlamento; tan pronto como éstos son elegidos, vuelve a ser esclavo, no es nada. Pero Rousseau, teórico de la democracia radical directa, pecó de ingenuo al suponer que por el mero hecho de votar se era libre en ese instante, cuando eso sólo podría deducirse en el caso de poder saber lo que se está votando.

En lo que llevamos de siglo, por España hemos visto intentos de limitar ese conocimiento al ciudadano por parte de la clase política y los medios de comunicación afines. Así, se han usado para mantener el poder desde ridículos rodeos terminológicos -”Desaceleración acelerada de la economía”- a entrañables interpretaciones a cuenta del mayor atentado de la historia de España -”Tengo la convicción moral de que ha sido ETA”-. Pero nunca hasta ahora un partido político con opciones de gobierno y favorito claro en los sondeos previos se ha presentado ante el electorado sin propuestas en positivo, ni en el programa electoral, ni en campaña, más allá de las vacuidades típicas -”Lo primero, el empleo”, “Más sociedad, mejor gobierno”-, y sólo con la promesa de no llevar a cabo -”lo que no llevó en mi programa, no lo hago, por lo tanto, no me confunda”- ciertas medidas, precisamente las mismas que ha ido adoptando cada viernes desde que entró en el gobierno y sin cambio de escenario económico que justifique la variación de rumbo.

Miento, si hubo otro compromiso, el que según Rajoy sería bandera en mi Gobierno: decir siempre la verdad, aunque duela; decir la verdad sin adornos ni excusas; llamar al pan, pan y, al vino, vino”. Así, se ha subido el IRPF -“recargo temporal de solidaridad”-, el IVA -“incrementar la imposición del consumo”-, limitado el acceso a la sanidad pública -“hemos garantizado la gratuidad del sistema”-, abaratado el despido -”hemos evitado que la única alternativa del empresario sea despedir”-, hecho un plan para acercar presos de ETA al País Vasco -”no cambia la política antiterrorista”- e incluso hemos presenciado muestras de un optimismo antropológico -”preveo rayos de esperanza para 2013”- que parecían del pasado.

Esas medidas, sus eufemísticas denominaciones, su necesariedad y la contradicción respecto a su estrategia de oposición se pueden discutir; unos estarán a favor y otros en contra, posiblemente dependiendo de quién las proponga o del todólogo que las defienda. Es responsabilidad del gobierno adoptarlas si lo estiman necesario. El problema ha sido su pecado original, mentir con el único objetivo de llegar al poder con mayoría absoluta y hacer pleno en los 4 escalones (municipal, provincial, autonómico y estatal) del poder político, en un medido plan cuatrienal ante el cual la ciudadanía está indefensa si concurren determinados circunstancias (crisis económica, medios de comunicación atrincherados, acumulación de citas electorales) y que recuerdan peligrosamente, en cuanto a oportunidad, a tiempos que parecían superados y que no nombraré para no darle la razón a la Ley de Goodwin.

No me confundan, no creo que se hayan reído de sus votantes, eso que lo decida cada uno de ellos con su almohada. Ni tampoco digo que hayan incumplido la ley o haya existido fraude en las elecciones, porque el escrutinio reflejó fielmente el voto ciudadano y no existe mandato imperativo o necesidad de vincularse al programa electoral. Voy mucho más allá: Han atacado a la misma raíz de la democracia, la han retorcido, desvirtuando su esencia y no reconociendo grado alguno de madurez política al pueblo español, teórico depositario de la soberanía nacional.

Si a eso, por si no fuera suficiente, le sumamos un auténtico golpe institucional orquestado desde hace 3 años a órganos clave como el Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo o el Tribunal de Cuentas, bloqueando la renovación de sus miembros hasta tener la mayoría parlamentaria suficiente para imponer sus afines; y el desprestigio sistemático de partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales, incluso del Poder Judicial, nos encontramos con una degradación extrema de la democracia que ha restado varios enteros a una dignidad nacional en franca decadencia.

Tal vez sea un exagerado o un idealista y no quiera asumir lo que es una realidad palpable. El único plan era llegar al poder y eso han votado los ciudadanos; una campaña electoral no es mucho más que eso y todos lo hacen; hoy día cualquiera puede intuir de que pie cojea cada partido y palabras como la del senador popular Jesús Aguirre -“Ya han pasado las elecciones generales y andaluzas, es hora de decir lo que pensamos”- forman parte del juego político y es tarea de la oposición y medios de comunicación el intentar desmontarlo. Y además dentro de 3 años deberán pasar otra vez por las urnas, ese bálsamo de Fierabrás que parece capaz de absolverlo todo.

Es posible, pero si asumimos la normalidad de la mentira como base electoral; si admitimos la naturaleza de la democracia española no como gobernante sino como gobernada; si no podemos elegir conscientemente a priori y nos limitamos a pedir cuentas cada cuatro años; si la clase política sigue fomentando su propio descrédito y el de las instituciones con el consiguiente desapego ciudadano respecto del sistema… ¿Qué será lo próximo? Puede que, usando una gráfica cita de Ortega y Gasset, lo siguiente sea oír resonar en el suelo de mármol las rápidas sandalias de César, que llega.

España se rompe (ahora sí que sí)

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Por Javi Patiño (@javipatinyo)

A veces conviene tomarse un respiro ante el aluvión de noticias con el que nos bombardean a diario y echar la vista atrás unos pocos años, a esos tiempos en que nuestra memoria pesa tanto o más que la hemeroteca. No por nostalgia, ni siquiera por revisionismo, sino para descansar un poco de tanta fatalidad y esbozar una sonrisa con los temas que nos quitaban el sueño no hace mucho tiempo. O avergonzarnos, quién sabe.

Nos referimos a la primera legislatura de Zapatero. Todos tenemos grabados en nuestras retinas el fatídico 11M, a Acebes dando esas ruedas de prensa para la historia (de la infamia) y el posterior vuelco electoral, fruto del hartazgo colectivo de tantas mentiras y tanta prepotencia del partido que gobernaba. No fue, eso sí, un giro completo y limpio. El PSOE, como Keanu Reeves, para alcanzar la presidencia se vio obligado a pactar con el diablo, el cual había cambiado su elegante disfraz de Al Pacino por el de ERC, un simulacro de partido político liderado por el inefable Carod Rovira. Cosas de la aritmética parlamentaria, que hace muy incómodos compañeros de cama. Aunque bien es cierto que esta extraña pareja ya llevaba un tiempo compartiendo aventuras y desventuras bajo las sábanas de la Generalitat catalana, de modo que muchos estaban convencidos de que había algo de fondo, de que este romance más que en la necesidad, se basaba en el vicio.

Era la época en que la burbuja seguía creciendo y la prosperidad parecía no tener final. Se vivía bien y los que mandaban decidieron dejar que el viento soplara y seguir la corriente, a pesar de que muchos indicios anticipaban gran parte de la hostia que después nos dimos. Se empezaba a hablar de que no deberíamos depender tanto del ladrillo, pero como quien habla que a partir de enero va a empezar en serio en el gimnasio. Al fin y al cabo, aquí no somos de cambios radicales, preferimos que los dictadores y los modelos productivos se mueran en su cama, cuando les llegue la hora, sin que nadie les moleste ni les meta prisa. Era también, paradójicamente, una etapa de una crispación política altísima, pero muy artificial, jaleada por un partido que todavía hoy no reconoce aquella derrota en las urnas. Casi cada semana salían a manifestarse sus lobbies, los más tolerantes del reino, llámense obispos, el Foro de la Familia (qué habrá sido de esta entrañable gente?) y demás fauna diversa. Y nunca reivindicando mejoras, sino con el único afán de quitarles derechos recién adquiridos a una parte de la población, los homosexuales. Por sus santos cojones, nunca peor dicho.

Pero los actores principales de esos 4 años fueron ERC, y más concretamente su líder. Intereconomía no era seguramente ni un proyecto, pero no faltaban altavoces de la derecha más rancia. Una emisora de radio despertaba encabronado al país cada mañana, por obra y gracia de un personaje siniestro, un hooligan con pinta de monaguillo, metido a locutor, que vomitaba calumnias día sí y día también a unas horas en las que algunos despertadores todavía no habían hecho su tarea. De repente, pasaban a ser cuestión de estado unas fotos de Carod haciendo el gilipollas (valga la redundancia) en un viaje a Israel, unos papeles que había en Salamanca cuya existencia desconocía todo el mundo, unas respuestas nerviosas del propio Carod en un programa de televisión o su estúpida (y muy torpe) reunión con ETA en tierras francesas. Ese hombre, que no era más que un don nadie, un pésimo político al que la coyuntura le dio una representación parlamentaria excesiva, se había convertido de la noche a la mañana en el blanco perfecto. Lo tenía todo la criatura: independentista, bajito y feo. Y lo peor, se jactaba de ser republicano en unos tiempos en que el pueblo rendía pleitesía a su campechano monarca, nada sospechoso entonces de tener escándalos familiares ni de pagar millonadas por matar animales indefensos, y cuyo nombre todavía no adornaba un montón de e-mails de ninguna trama de corrupción.

Caló bastante el mensaje, todo sea dicho. Y no sólo entre los sectores más ultras (perdón, patriotas) de la población. Casi siguiendo punto por punto los principios de propaganda de Goebbles, se creó una realidad alternativa que todo el mundo asumió sin rechistar, que se note que eso de pensar por cuenta propia siempre fue un vicio de unos pocos frikis. Carod Rovira era un ser maléfico, que odiaba España con todas sus fuerzas, al que no le llegaba con anhelar la independencia de Cataluña, sino que no pararía hasta dejar nuestra hermosa patria destrozada, hecha añicos, y cuyo sueño más húmedo era terminar danzando desafiante sobre nuestras cenizas y regando nuestras desgracias con litros y litros de cava. Lo peor es que aparte de la voluntad, le sobraba poder para hacerlo. Gente de toda clase y condición se apuntó a la teoría y convirtió a este personaje en su mayor enemigo. Les habían dicho que venía el coco y ellos, muy obedientes, repetían aquello de ‘vade retro, satanás’ cada vez que el susodicho salía por televisión o alguien cometía la osadía de mentarlo.

Por aquel entonces, según muchos salvapatrias, España amagaba con romperse cada pocas semanas. Vociferaban el futuro apocalipsis con unas ansias y una energía envidiables. No vamos a analizar su acierto, ya que parece que a quienes dios dotó de tanta elocuencia, no los obsequió también con la virtud de predecir el futuro inmediato. Hoy en día Carod ya es historia y ERC prácticamente también. Podría parecer que estamos salvados, que nuestra querida España sobrevivió de una forma titánica a esa gran amenaza y ya podemos dejar de contener la respiración. Ahora bien, uno lee la prensa y suma los 6 millones de parados, una deuda privada no asumible, la famosa prima de riesgo batiendo récords a lo Usain Bolt, unas políticas económicas que nos están acabando de ahogar, etc. y llega a la conclusión de que ahora España sí parece estar a punto de romperse. Y que, ironías de la vida, no le podremos echar la culpa a ningún malvado nacionalista periférico.

Grandes mentiras de la historia de la Humanidad: La derecha gestiona mejor la economía

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“Me tomé una y me fui para casa”
“Se nos rompió el condón”
“Estoy llegando”
“He leído y acepto las condiciones de uso”

“La derecha gestiona mejor la economía”

A lo largo de la historia hay muchos mensajes o ideas que la ciudadanía ha asumido (o se les ha metido en la cabeza con calzador) sin plantearse la lógica que encierran, sin entender de dónde vienen o simplemente sin saber por qué. Mensajes o ideas que se han encontrado por la calle y han construido sus planteamientos partiendo de esos mantras casi axiomáticos que con el tiempo se han demostrado ser completamente falsos. Del mismo modo que la Tierra no era plana, del mismo modo que sabemos que procedemos de los monos y no de una pareja generada espontáneamente llamada Adán y Eva, la realidad económica de estos tiempos nos demuestra un día tras otro que la gestión de la economía (sea lo que signifique esa ambigua expresión) no es mejor en manos de partidos o gobernantes conservadores, neoliberales o dicho popularmente; de derechas. Esa idea incompleta, abstracta y falsa ha corrido por el éter mental de la sociedad española hasta inocularse sigilosamente en la habitación precintada de las supuestas verdades incontestables y, a día de hoy, absolutamente refutadas. Seguro que tú también se la has escuchado a alguien, ¿verdad? A alguno de esos que escribe “haber si nos vemos”, “valla día que llevo”… o incluso gente con una formación y, en algunos temas, con un par de dedos de frente.

La semana pasada, el IBEX bajaba de los 7000 puntos por primera vez desde marzo de 2009, cuando Lehman Brothers acababa de quebrar y se acercaba a niveles de 2003. Cuando el Partido Popular entró en el Gobierno la prima de riesgo española estaba 50 puntos por debajo de la italiana; hoy la italiana es la que está 50 puntos por debajo. Hoy la presión fiscal directa se ha aumentado en varios puntos, mientras que la indirecta se anuncia que subirá el año que viene. Hoy nos han expropiado dos de nuestros proyectos en sudamérica. Hoy los organismos internacionales afirman que no podremos alcanzar la estabilidad presupuestaria a finales de legislatura. Hoy estamos en el punto de mira más que nunca. Hoy el New York Times, el Financial Times, Wall Street Journal y demás prestigiosos medios del mundo cuestionan seriamente la solvencia de un proyecto político que llegó a la Moncloa con muchos mantras que han resultado rotundamente falsos, y han ido consolidando en tiempo récord un histórico fraude electoral. Se nos vendía que este país necesitaba “confianza”, abstracta confianza, como si fuera un bien intangible que traería Mariano Rajoy con su simple presencia o con sus misteriosas reformas ocultas durante la campaña. Pero en menos que canta un gallo, todos los indicadores han abofeteado y dado la espalda a esa supuesta verdad, Standard & Poors ha rebajado dos escalones la calificación de la deuda española, se han revisado las previsiones de recesión económica a la baja, la fuga de capital de inversores privados de nuestro país desde principios de año alcanza cifras récord y, lo que es peor, Luis De Guindos anuncia en sus vaticinios macroeconómicos, que prevén acabar la legislatura con una tasa de paro SUPERIOR (previsión del 23,4% para inicios de 2015 frente a un 22,85%, según la EPA, a finales de 2011) a la que agarraron al llegar a Moncloa; hoy ese mensaje de “Lo primero, el empleo” en el que basaron todas sus recetas ha caído en papel mojado en menos de 100 días. Acojonante, pero cierto. Eso ya no existe, ya no hablan de 1996…aquello fue el viejo cuento de dragones y fantasmas que le narras a tu hijo antes de irse a dormir. Ahora lo primero son otra serie de medidas o prioridades que se intercalan con discursos donde las palabras “herencia” y “despilfarro” aparecen reiteradamente sin rigor y sin empujar con pan. Una herencia, acentuada por las Autonomías donde Gobiernan, de la que se han estado riendo hasta que han visto desde el asiento del poder las páginas más negras de la realidad de una crisis que ha azotado a todo el mundo y que el acomodamiento de la izquierda de este país ha pagado en sus carnes. Y un despilfarro del que tienen valor de dar lecciones aquellos maestros de la austeridad que se gastaron 150 millones en un aeropuerto sin aviones, 30 millones (sin ningún retorno) en una carrera de Fórmula-1, 300 millones en la Ciudad de la Cultura, 1300 millones en la Ciudad de las Artes, más de 100 millones en la corrupción del caso Palma Arena, 60 millones y 11 imputados por cohecho en la visita del Papa a Valencia (incluyendo un altar para su santidad que costó 600.000€)…¿sigo? Esa es la derecha que se vanagloria de gestionar mejor la economía. La que gobierna una Comunidad (Valencia) que ha tenido que ser avalada por el Estado para no declararse en bancarrota o privatizar la gestión de sus servicios sanitarios, la que dirige un ayuntamiento (Madrid) con una deuda acumulada que supera a todas las capitales de provincia JUNTAS de España. Esa derecha que tenía sueños húmedos con el modelo económico que Margaret Thatcher soñó para Europa, que nos ha llevado a este drama y encima hoy pretende vendernos que este cáncer se cura con más tabaco.

Lo peor es que esta sociedad ignorante, estúpida, carente de criterio y vacía, aún sigue comprando dogmas en un todo a 100 y seguirá pensando que el Estado de Bienestar que garantiza su presente, el futuro de sus hijos y la dignidad de sus padres, es un lujo que no nos podemos permitir. Y mañana mismo, pondrían sin titubear de nuevo al zorro a cuidar las ovejas. Un zorro que se escapa de la opinión pública por la puerta de atrás del Senado, que no comparecerá en el Congreso hasta verano mientras se desangrará la utopía que muchas generaciones construyeron para nosotros.

Sí, vuelvo al principio. Ellos gestionan mejor la economía, ellos no despilfarran, ellos son austeros, ellos inspiran confianza… Para que finalmente, cuando salgamos de este túnel, ya olvidarán el discurso de la herencia recibida y dirán que todas las puñaladas que estos 100 días nos han metido (y lo que te rondaré, morena) sirvieron para salir de la crisis, ignorando que fue desde más allá de los Pirineos donde una vez más, vinieron a salvarnos el culo.

Vamos a contar mentirar tralará

Jaime Culebras es biólogo,
estudiante de Máster en Ecuador
y encabronado con su país

Los ciudadanos españoles decidieron castigar la política paupérrima del PSOE en gestión de la crisis, lo que provocó que el PP llegara al Gobierno sin mover un dedo. Durante la oposición sólo criticaban sin proponer ideas, con frases del calibre “si ganamos las elecciones, crearemos empleo”, “reduciremos el déficit”. Y la gente “¡Muy bien! ¿Y cómo?”… Un silencio eterno llegaba tras esa pregunta…

Las exageradas mentiras que acontecían previas a las elecciones han ido desenmascarándose poco a poco en los escasos 100 días que llevan en el poder:

- Alberto Ruiz Gallardón: “No al copago en Sanidad”

- Mariano Rajoy: “No voy a hacer copago”

- Mariano Rajoy: “Le voy a meter tijera a todo menos pensiones, sanidad y educación”

- Esteban González Pons: “El PP no es partidario de establecer el copago ni en sanidad ni en educación. La sanidad y la educación deben ser universales y gratuitas para todos”.

……

Y así, un sin fin de frases alegres y tranquilizadoras para los oídos de los españoles para que luego, una vez en la Moncloa, dediquen a hacer con su mayoría absoluta (lograda por la división entre la izquierda y la elevada abstención por la poca credibilidad que generan los políticos españoles) lo que les venga en gana. ¿Y cual es la realidad que ya se aprecia? La Edudación y Sanidad, aquello que decían que no iban a tocar, reciben un puñetazo provocándoles una profunda hemorragia, la cual será difícil de curar en muchos años.

Plantean ese copago que todos negaban antes de las elecciones y, para colmo, se niega la ayuda sanitaria a los más necesitados, como pueden ser inmigrantes que se vieron obligados a dejar su país en busca de oportunidades en el nuestro, al igual que antaño nuestros padres y abuelos tuvieron que hacer emigrando a países como Alemania y Suiza. Se excusan en el turismo sanitario que se da en España, sudándoles los membretes lo que puede perjudicar esto a los más desfavorecidos. Sin embargo, tiempo atrás, fue este Gobierno el que abrió las puertas a los extranjeros en situación irregular para que hubiese mano de obra por la era de bonanza de trabajo del ladrillo, donde sólo se les pedía empadronamiento. Y ahora que hay crisis nos olvidamos de ellos y los mandamos a tomar por la parte evacuante, demostrando una vez más la vomitiva naturaleza que persiste en los cerebros de algunos que hacen llamarse humanos. Para colmo, se promueve dar la gestión sanitaria a empresas privadas, como ya se lleva haciendo un tiempo en Madrid y Valencia. Y no me jodan, que un sistema sanitario en manos privadas nunca será beneficioso para la sociedad de un país, pues para estas empresas su único objetivo es ahorrarse gastos e incrementar su capital, sin importarles la calidad que reciban sus pacientes.

Llega Marianico y, muy gracioso él, pide a los españoles un “pequeño esfuerzo” para ayudar con la crisis, sin tener en cuenta el sacrificio que tienen que hacer miles y miles de personas que se ven ahogados para pagar los precios desorbitados de la vivienda, por la cual no hizo un comino el PSOE, ni pretende hacer este Gobierno actual. Pero claro, el PP está lleno de humoristas y nos vienen con las chorradas de son 4 cafés. Al menos Jesús Aguirre, senador del PP, se sincera y reconoce que han estado mintiendo para ganar las elecciones.

Tras haber asesinado nuestros derechos sanitarios, se suman las amputaciones a la Educación. Pero claro, es lógico, qué mejor para gobernar un país que crear una legión de corderos ineptos que no tengan idea de nada y así poder ser usados a su antojo como títeres de circo. A los recortes se suma la idea de incrementar el ratio alumnos/aulas, hecho claramente antagónico con una educación de calidad. Con esta idea deplorable deciden subir los precios de las tasas universitarias hasta en un 66%, es decir, unos 540 euros más que deberá pagar un alumno por su primera matrícula. Añadámosle las desmesuradas subidas en las segundas, terceras y cuartas matrículas para así, a todo aquel que tenga dificultades para estudiar o tenga que trabajar para pagarse sus estudios y por ello encuentre dificultades para sacarse todas las asignaturas a la primera, se verá recluido a dejar su sueño universitario, siendo un lujo solo para los más adinerados. Sin embargo, países que llamamos en vías de desarrollo tienen una educación, incluida universitaria, gratis. Y todas estas barrabasadas adoptadas por nuestro querido PP las hace sin aumentar las becas, para seguir poniendo dificultades a los hijos del parado. Y como nuestros señores del 39 estaban aburridos decidieron algo más: poner freno a la convocatoria de oposiciones para profesorado en Andalucía, para así ahorrarse costes en profesores y continuar sumando puntos negativos a la calidad educativa.

Pero aún notan una irritación en el colon que les incomoda por lo que cogen aire, hacen un poco de estiramientos para evitar un tirón muscular y siguen dando hostias no eclesiásticas a la sociedad. Se proponen mirar con lupa los gastos de las Universidades, pasándose por el forro de los cueros el valor de una investigación que se lleve a cabo en ella. Es igual que se realicen estudios contra el cáncer, SIDA, esclerosis y demás enfermedades. O descubrimientos que mejoren la calidad ambiental de nuestro planeta. Total, para qué queremos invertir tanto en investigación, en Ciencia si eso no va a dar dinero inmediato al Estado y los virus y casquetes polares no tienen forma de ladrillo para ponerse una casita en una playa del Sureste. Así que se las trae al pairo.

Y ahora recordemos esa nueva palabra que tanto han gustado nuestros políticos de pronunciar: austeridad. Qué mejor futuro para sus hijos que fumarse esa palabra e incrementar el número de asesores y los nombramientos a modo de “pito pito gorgorito a quien nombraré, el más bonito…”. Necesitan garantizar el futuro de sus niños.

Pero no nos preocupemos, que además todos los chorizos se van a ver beneficiados por la amnistía fiscal propuesta. Aquella que ellos mismo criticaban (Dolores de Cospedal: “Es impresentable que se dé una amnistía fiscal a aquellos que hayan defraudado a Hacienda”). Qué mejor momento que ahora para que todos sus amigotes puedan quedar libres de pecado, mientras se suben impuestos y se abarata el despido de los trabajadores, a pesar de una vez más prometer no hacerlo previo a las elecciones.

Si queremos informarnos de la situación del país, ellos se mantienen tranquilos, pues la independencia de la radio y televisión pública del poder político, llevada a cabo por el PSOE, tiene los días contados. Hasta ahora para nombrar al presidente de RTVE era necesario el voto a favor de dos terceras partes del Congreso, pero nuestro querido Gobierno de ejes golpistas pretende cambiar esta ley y así bastarle la mayoría absoluta para poner al cargo a quienes les plazca y resurja la manipulación de medios que ya acaeció durante el anterior Gobierno del PP.

Pero no nos podemos quejar. Si no, papá Rajoy sacará el cinturón y nos dará unos azotes por opinar una idea contraria, criminalizando la protesta civil y calificando la resistencia pasiva como “delito de integración en organización criminal”, pudiendo ser penado con la cárcel. Y así ellos tienden la mano a los principios dictatoriales y atentan contra la Constitución Española y los Derechos Humanos, donde la reunión pacífica y sin armas es considerada un derecho. Nos veremos obligados a agachar la cabeza viviendo, como dice un cantautor Ismael Serrano, “atrapados en azul”.

Y llevan escasos 100 días y están dando la vuelta al país con medidas que no entran en cabeza alguna, privando libertad de expresión, la sanidad y la educación, 3 derechos básicos que todo ser humano debe tener. Pero ellos, en su forma particular de ver el mundo, aquel donde el lema del trepa prima sobre cualquier principio moral instauran su PPcracia.

Hemos ido de Guatemala a Guatepeor.

La austeridad, esa gran ramera

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Por Javi Patiño (@javipatinyo)

Empieza este artículo con una pregunta hecha por un humilde servidor (camuflado bajo la portada de un gran disco) a Mariano Rajoy a través de una conocida red social, Twitter.

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Por aquel entonces, todos sabíamos que iba a ser nuestro futuro presidente. Muchos, además, anticipábamos una ola de recortes que iba a dejarnos tiritando. Pero no por haber nacido dotados de una gran inteligencia o de la capacidad de predecir el futuro. Era su propia compañera de partido, Cospedal, quien al poco de tomar posesión como presidenta de Castilla-La Mancha, ejerció de telonera de este gran show que estamos padeciendo. Ni siquiera se esforzó en disimular, le bastó con el viejo truco de los fontaneros: ‘uy, señora, qué chapuza tiene aquí montada! Quién le ha hecho esto? Arreglarlo va a salir por un pico…’ En palabras más finas, la herencia recibida es mucho peor de lo esperado y hay que sacar dinero de donde sea, que no salen las cuentas. O mejor dicho, tenemos que ahorrar en educación o sanidad y seguir derrochando en asesores y cargos de libre designación.

La respuesta del equipo de Rajoy a mi tuit llegó unos 15 días más tarde, justo después de la hora de la siesta. Vaya casualidad. Ya de aquella se intuía que lo de echarle ansias, prisas y nervio no iba a ser el sello de este gobierno. Como se puede leer, proclaman su compromiso con la austeridad y lo acompañan de un par de adjetivos de esos típicos de campaña electoral, rimbombantes a la par que vacíos. Luego completan el mensaje con un enlace a su programa electoral, que he de confesar que jamás pinché, por si acaso. Realmente nunca me fié demasiado ni de Mariano ni de mi antivirus, aunque este último hasta ahora no me haya dado motivos para dudar.

Siempre me llamó la atención el hecho de que la famosa austeridad fuese un concepto tan asociado a la derecha. O, mejor dicho, que los conservadores se apropiasen de la palabra y falsearan su significado. Al fin y al cabo, nadie en su sano juicio podría estar en contra de que el dinero público (el de todos) sea casi sagrado y que se gestione con el mayor de los celos. Pero no sucede eso en España, aquí existe esa sensación de que lo público es gratuito, de que ese dinero viene de una especie de limbo y a casi nadie parece importarle que se malgaste en aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros, obras faraónicas sin ningún sentido, etc. Es más, ni dios parece estar preocupado por la cantidad de desfalcos y trapicheos que se producen a diario en miles de ayuntamientos. Nadie exige responsabilidades, nadie las va a pagar. Y unos pocos se forran, de paso.

Eso sí, en otros lujos últimamente nos ha entrado la conciencia de contar hasta los céntimos. Lujos como estar enfermo y tener que acudir a urgencias. O encender la calefacción de un colegio en pleno mes de enero. Y lo que queda, porque parece que se ha abierto la veda y ya vale todo: pagar por estar hospitalizado, pagar por cursar el Bachillerato… pagar por respirar, tal vez? Nos quieren meter en la cabeza que el estado de bienestar es insostenible y que no hacemos otra cosa que malgastar millones de euros. Quizás ese sea el mejor punto de partida: empezar a llamarle a las cosas por su nombre y no confundir la eficiencia en el gasto con esta especie de mini EEUU en el que nos queremos convertir. Eso se llama políticas de derechas, neo-liberalismo, sálvese quien pueda o cada palo que aguante su vela.

Y que cada cual dé su propio puñetazo en la mesa… o en la cara de quien sea.

Viaje al Sur. Dos días en una zona cero.

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Buenas tardes… noches aquí en España.

Llegué hace apenas unos días y quería esperar a tener un rato para sentarme a escribiros.

Creo que no hace falta que me extienda mucho, hay experiencias que hablan por sí solas. Por un lado, quiero agradeceros nuevamente y de todo corazón la atención que me dedicasteis durante esos dos días que pasé con vosotros y, sobre todo, la oportunidad que me brindasteis de implicarme en vuestro día a día para que conociera de primera mano la realidad de vuestro trabajo.

Se lo dije a Benjamín al despedirme. Creo sinceramente que vuestra labor tiene un calificativo que me gustaría reiterar: heroica. Y creo que lo es, entre otras muchas razones, porque he percibido que mantenéis una perseverancia, constancia y tenacidad, imposible de cuantificar, ante las adversidades y circunstancias. Soy consciente, ahora más que nunca, de que la causa que todos defendemos, que vosotros ejercéis y que yo apoyo, tiene ese duro inconveniente de ver cómo los resultados a veces hay que buscarlos debajo de las piedras, más allá de donde alcanzamos a ver, que a corto plazo no siempre son todo lo alentadores que podríamos soñar, que a lo mejor bajo los adoquines no hay arena de playa, que al final es un lucha diaria… y entonces me acuerdo de las madres de la Plaza de Mayo: “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

Llevo la solidaridad tatuada en la piel como un valor del que no me he desprendido nunca y que considero tan parte de mí como mis pulmones. Colaboro, además de con vosotros, con varias ONGs y fundaciones porque a pesar de las diferencias ideales, culturales y religiosas que puedan existir entre nosotros, siempre he entendido que la causa al otro lado del Atlántico, en África y en cualquier zona cero en cualquier rincón del planeta también es la mía, porque por encima de muchas cosas, soy un ciudadano del mundo.

Sinceramente, no puedo decir que la visita me cambió la vida porque ciertamente, encontré una realidad que coincidía bastante con lo que esperaba. Y ese es el mejor de los síntomas para vosotros y para mí, porque puedo sentirme orgulloso de estar bien informado, unido, enterado y que vosotros seáis perfectamente conscientes de que aquellos que os apoyamos, en la medida que podemos, desde esta parte del mundo sintamos con bastante claridad y cercanía vuestro trabajo. Me alegró no llevarme demasiadas sorpresas, me alegró que lo que me encontré allí no fue muy distinto de lo que tenía pensado.

No califico la experiencia como buena, no entiendo que haya sido dolorosa, ni que albergue ninguna connotación coloreada de negro. Creo que hay que ir más allá de eso: fue NECESARIA. Para mí la solidaridad no es un valor positivo ni negativo, no es una virtud, no es una forma de reconciliarme conmigo mismo, ni pagar la suerte de haber nacido a este lado del océano. La solidaridad, la causa altruista, el apoyo a quien lo necesita o quien no tiene nada, va más allá de lo emocional, lo territorial, lo religioso, lo espiritual e incluso lo cultural. Es algo básico, intrínseco a la condición humana… y por tanto jamás me lo he cuestionado y jamás lo haré. Y volví de allí con la sensación de haber hecho algo necesario porque aquellos dos días con vosotros en el corazón de aquella difícil realidad, me ayudaron a conocer y entender mucho mejor el mundo en el que vivo. Esa lección y no otra cosa, es lo que me traigo de vuelta.

Un abrazo muy fuerte y cuidad mucho de Claudia Lucía y de todos aquellos que allí lo necesitan.

Dedicado a los héroes que hacen de la causa solidaria su única dedicación, que me acogieron durante dos días para introducirme en su trabajo y mostrarme una dificilísima realidad que siento mía. A los miembros de “Ayuda en Acción” y todas aquellas organizaciones que se parten el pecho por ser escuchadas. Dedicado a ellos porque siempre miran más allá del horizonte.

Oido en..el avión

Nunca había visto un periódico con tantas páginas

Gimena,una mujer ecuatoriana que lleva 12 años en España y que trabaja en el aeropuerto de Palma,mientras observaba que estaba leyendo “El País” en el avión

Cuando vuelva a Ecuador quiero acabar enfermería. Pero creo que iré a Cuba; dicen que allí es gratis y te preparan muy bien

Fausto es un hombre ecuatoriano con tres hijos que empezó enfermería en su país y que tuvo que dejarla a medias porque se fue a España y ahora a Reino Unido, a trabajar como personal de limpieza para ganar algo de plata

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